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Biografia - Kalista

Zoro Roronoa

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A lo largo de su vida, Kalista fue una general orgullosa, sobrina del rey de un imperio que actualmente nadie puede recordar. Vivía bajo un estricto código de honor y le servía al trono con la mayor de las lealtades. El rey tenía varios enemigos y, cuando enviaron a un asesino para matarlo, la vigilancia de Kalista fue clave para evitar el desastre.

No obstante, al salvar al rey, condenó a la persona que él más amaba: la espada del asesino estaba envenenada y, en vez de herir al monarca, cortó el brazo de la reina. Convocaron a los mejores sacerdotes y cirujanos, pero ninguno de ellos pudo extraer el veneno de su cuerpo. Hecho trizas por el dolor, el rey envió a Kalista en una misión para encontrar una cura. Durante ese tiempo, ella sería reemplazada por Hecarim de la Orden de Hierro.


Kalista viajó muy lejos, consultó a eruditos, ermitaños y místicos, pero todo fue en vano. Hasta que, por fin, se enteró de la existencia de un lugar protegido del mundo exterior por una niebla tenue y resplandeciente, de cuyos habitantes se decía que conocían los secretos de la vida eterna. Se embarcó en un último viaje de esperanza hacia las casi legendarias Islas Bendecidas.

Los guardianes de Helia, la ciudad capital, vieron la pureza en las intenciones de Kalista y disiparon la niebla para garantizarle un paso seguro. Les rogó para que curaran a la reina y, tras mucho pensarlo, los maestros de la ciudad aceptaron. El tiempo apremiaba. Mientras la reina siguiera respirando, aún había esperanza para ella en las míticas Aguas de la Vida. Le entregaron un talismán a Kalista con el cual podría regresar a Helia por su cuenta, pero le advirtieron que no podía compartir este conocimiento con nadie más.

Sin embargo, cuando Kalista arribó a las costas de su tierra natal, la reina ya había muerto.

El rey perdió la cabeza y se encerró en su torre con el cuerpo en descomposición de la reina. Cuando supo que Kalista había regresado, exigió saber qué había descubierto. Con gran pesar, puesto que ella nunca antes le había fallado, admitió que la cura que había encontrado no serviría de nada. El rey no le creyó y la condenó como una traidora a la corona.

Hecarim logró convencerla de que los guiara a las Islas Bendecidas, en donde su tío podría escuchar la verdad de la boca de los propios maestros. Tal vez, entonces, él encontraría la paz, incluso si solo aceptara que la reina no estaba más y permitiera que le dieran sepultura. Con reservas, Kalista aceptó.

Y así fue como el rey emprendió el viaje, acompañado por una flotilla de sus embarcaciones más rápidas. Lloró de alegría cuando la ciudad de Helia se reveló frente a él. Sin embargo, fueron recibidos por los severos maestros, quienes no les autorizaron el paso. Insistían en que la muerte era definitiva. Traicionarla implicaría quebrar el orden natural del mundo.

El rey se encolerizó y le ordenó a Kalista que asesinara a cualquiera que se interpusiera en su camino. Ella se negó y le pidió a Hecarim que la apoyara... pero en cambio, él atravesó la armadura de Kalista por detrás con su lanza.

La Orden de Hierro secundó su traición, perforando el cuerpo de Kalista por lo menos diez veces más mientras caía. Los seguidores de Kalista pelearon brutal y desesperadamente contra los caballeros de Hecarim, pero sus filas eran muy reducidas. Mientras la vida de Kalista se esfumaba, observó cómo sus guerreros morían, y juró venganza con su último aliento.

Cuando Kalista abrió sus ojos, estaban llenos del poder oscuro de la magia antinatural. No tenía idea de qué es lo que había pasado, pero la ciudad de Helia se había transformado en una burla retorcida de su antigua belleza. De hecho, toda la superficie de las Islas Bendecidas ahora era un sitio de sombras y oscuridad, lleno de espíritus en pena atrapados para siempre en la pesadilla de la inmortalidad.

Aunque trató de aferrarse a aquellos recuerdos fragmentados de la monstruosa traición de Hecarim, estos se han desvanecido a lo largo de los siglos y lo único que ahora queda es una sed de venganza que arde en el pecho arruinado de Kalista. Ella se convirtió en un espectro, un personaje de un mito macabro, a menudo invocada por quienes han sufrido traiciones similares.

Estos espíritus se incorporan al suyo y se sacrifican para convertirse en uno con la Lanza de la Venganza.
 
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