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River se sacó de encima a los tucumanos pensando en la Libertadores 2020

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Ganó 2 a 1 en el Monumental ante San Martín en su búsqueda del boleto a la Copa. Fue superior de principio a fin, pero terminó ajustado. Delfino no le dio un penal a los tucumanos en el final.

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River le ganó a San Martín de Tucumán en el Monumental. (Juan Manuel Foglia)

El desenlace, con los tucumanos lanzados como aviones sobre el área de Franco Armani y los hinchas transpirando, parece un extracto de otro partido. River padece el descuento postrero de Ramiro Costa, incansable, y fluye la ansiedad por el final que se demora. Y un escalofrío recorre cada alma del Monumental cuando el tiro de Oliver Benítez impacta en el brazo de Robert Rojas, el mejor defensor de banda roja. Era penal. Sin embargo, Germán Delfino interpreta erróneamente que el paraguayo no amplió el volumen del cuerpo. Entonces, llega el desahogo en Nuñez. No debió sufrir el campeón de América. Porque fue superior de principio a fin. Y si el partido no tuvo formato de goleada se debió a la notable actuación de Jorge Carranza que mantuvo con vida a San Martín y alargó el suspenso de una victoria cantada desde la jerarquía individual.


Es que en los pies de Juan Fernando Quintero todo es posible. Desde ganar la Copa Libertadores con un zurdazo legendario hasta vencer a los tucumanos. Tiene una maravillosa pegada el colombiano. También, una capacidad para desequilibrar conceptualmente cualquier barrera que proponga el rival. Siempre encuentra un resquicio para aguijonear a la defensa con un pase milimétrico, filtrado. Es el gestor del juego y la “10” le calza a medida en la espalda. Por ese volante creativo con perfil de enganche noventoso, por la movilidad de Lucas Pratto, por el daño que provocó por las bandas, River se quedó con el triunfo en un primer tiempo accidentado.


Es que el Marcelo Gallardo tuvo que acomodar la pizarra de entrada. Del 3-4-1-2 que pergeñó tuvo que armar un 4-3-1-2. A los 20 segundos, Ramiro Costa peleó una pelota con Milton Casco en el lateral, el entrerriano cayó sobre su hombro y se fracturó la clavícula. El Muñeco tardó cinco minutos en tomar una decisión. Dudaba entre mandar a la cancha a su hijo, Nahuel, marcador de punta puro, o apostar a Nicolás De La Cruz. Se inclinó por el uruguayo y para hacer más compacto al equipo, reorganizó la retaguardia con Camilo Mayada como “4” y Javier Pinola en el rol de “3”.

A esa altura, San Martín de Tucumán había mostrado algo más que entusiasmo. A bordo de dos líneas de cuatro y una dupla ofensiva amenazante, había preocupado al campeón de América. Con alguna pincelada de Alberto Tino Costa, agarró a contramano a la zaga. Un cabezazo de Rodrigo Moreira inquietó a Franco Armani. Hasta que River se acomodó, claro. Entonces, tomó el control del partido.


Con el buen circuito que armaba Quintero, sincronizado con De La Cruz y Nacho Fernández, más Pratto –especialmente- y Santos Borré, sumado a las proyecciones de Mayada, empezó a lacerar el fondo tucumano. Generó cinco situaciones, la más clara un remate de Nacho Fernández que encontró una brillante respuesta de Jorge Carranza. El gol se vislumbraba como esos aviones que cruzan el cielo del Monumental. Era cuestión de tiempo. Y llegó acompañado de una genialidad de Quintero, que resolvió con un disparo inatajable tras una pared con Pratto. Hubo mucho mérito del crack de Medellín; también, del delantero de Ensenada. Porque recibió al pecho, la aguantó y descargó atrás para la arremetida de Juanfer.

En el segundo tiempo, River salió dispuesto a liquidar el partido. Con el pibe Ferreira, reemplazante del lesionado Nacho, muy activo, aunque egoísta. Con Pratto retrocediendo para participar del armado tras la salida de Quintero, que dejó la cancha ovacionado cuando todavía quedaban veinte minutos. Carranza, una y otra vez, le bajó la persiana. Hasta que Matías Suárez, sustituto del colombiano, le puso el sello a una jugada que habían fabricado los uruguayos De La Cruz y Mayada y que no había podido resolver Pratto.

San Martín aprovechó un error de Ponzio en la salida y Ramiro Costa sacudió a Armani. Para generar miradas preocupantes en las tribunas. El triunfo, de todos modos, no se le escapó. Tampoco, esa ilusión de clasificarse a la Libertadores 2020 mientras palpita su debut en la Copa de 2019. Está cerca. Y da pelea.

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