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VERDUGOS.

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Los verdugos son ejecutores al servicio del Estado o un dirigente político, religioso o social. Su trabajo consiste en aplicar las penas dictadas en contra de ciertos prisioneros. Estas son corporales y pueden incluir la tortura, la mutilación o la muerte. También se les llama “ajusticiadores.” Los países que aun aplican las penas corporales y las sentencias de muerte, todavía utilizan verdugos.

Casi todas las culturas han requerido los servicios de un verdugo. Su figura se institucionalizo en Europa, donde inclusive se diseñó un atuendo destinado a proteger su identidad, que consiste en trajes rojos o negros, capuchas, guantes y botas. El trabajo del verdugo generalmente era hereditario y hubo familias que durante generaciones ejercieron este oficio, cobrando sueldos fijos o recibiendo pagos según el número de ejecuciones. Los matrimonios a veces se celebraban entre familias de verdugos. En la antigüedad clásica, los esclavos eran obligados a realizar las ejecuciones de los verdugos; y en las colonias romanas los legionarios eran los encargados de ajustar cuentas a los delincuentes que eran crucificados en su mayoría. En el imperio romano los hombres responsables de los ajusticiamientos eran parte de gremios considerados deshonrosos. A veces eran los familiares de las víctimas o los testigos presenciales del crimen, si es que existía; pero también podían ser personas escogidas de forma arbitraria o por castigo. En ocasiones un criminal condenado a muerte tenía la tarea de matar a los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de infortunio.

Los verdugos gozaban de privilegios: Buenas pagas, un lugar destacado en la corte, un sitio reservado en los cementerios y la garantía de no ser castigado por delito alguno. En algunos países, los verdugos eran admirados y temidos; en otros, no podían convivir con las demás personas o tocar los alimentos en un mercado, teniendo que señalarlos con una vara. Ocupaba el último lugar para entrar a una iglesia y debían pedir permiso para comer en un sitio público, el cual muchas veces era denegado por el dueño o los clientes; si alguien se negaba tenía que ir a otro lado, siempre llevando su propia jarra de cerveza, de la que nadie compartía ni una sola gota., Al recibir el dinero de un verdugo, las personas “se persinaban” en tres ocasiones. En las antiguas monarquías asiáticas, ejercía el oficio de verdugo uno de los principales dignatarios de la corte, dignificando con el título de “Gran Sacrificador.” Entre los israelitas, la sentencia de muerte se ejecutaba por todo el pueblo, por los acusadores y por los parientes del interfecto y aun a veces por los mismos jueces. En algunos países de Alemania, la sentencia de muerte se ejecutaba por el más joven de la comunidad. Los verdugos debían vivir fuera de las ciudades, además de que estaban desamparados por las leyes. Solamente podía entrar a la ciudad con un permiso especial y debían caminar tocando una campaña para avisar a las personas sobre su presencia. De manera distinta al soldado, que es un asesino autorizado en tiempos de guerra, el verdugo por lo general es un asesino autorizado en tiempo de paz.

Los métodos de ejecución han sido muy diversos: la guillotina, el hacha, la cruz, el garrote vil, la horca, el fusilamiento, la silla eléctrica, la inyección letal, la cámara de gas y la lapidación han sido los más utilizados. En la antigüedad, la espada del verdugo pertenecía a la comunidad y entre uso y uso, la espada se colgaba en algún edificio público como medida disuasoria. Y es que no solo por su imponente aspecto amedrentaba, sino también por lo que en su afilada hoja advertía. Algunos verdugos no soportaban una vida dedicada a la muerte, por lo que se refugiaban en el alcohol, sufrían depresiones o se suicidaban. Muchos de los hombres que los despreciaban públicamente, llegaban en secreto a los hogares de los verdugos para comprar toda clase de brebajes, polvos y remedios para el mal de amores. Muchos recogían las gotas de semen al pie del patíbulo donde habían ahorcado a un reo; también buscaban allí raíces de mandrágora, una planta con supuestos poderes mágicos y raíz con forma de hombre.

Otras personas creían que la sangre de los decapitados tenía “un poder sanador” así que una gran cantidad de espectadores hacían todo lo posible por encontrarse en primera fila en los momentos de una ejecución, con la finalidad de ser salpicados, aunque fuera un poco con la “curativa sangre”, era tal la demanda que, en algunos casos, después de la ejecución, se vendían botellas llenas de sangre. Había algunos que deseaban obtener el pulgar del ladrón, pues creía que su hueso evitaba “que el dinero se agotara”, para la misma finalidad servía un trozo de cuerda del ahorcado o una astilla del patíbulo, incluso se creía que la espada de ejecución era de buena suerte.

En el siglo XVIII los verdugos ingleses vendían los cadáveres de sus víctimas a los médicos o estudiantes de medicina que querían hacer sus experiencias, cuando no eran los propios reos los que antes de morir negociaban sus despojos con los laboratorios anatómicos. Una ley inglesa de 1752 concedía a la Compañía de Cirujanos el derecho de disponer de cuatro cadáveres de los ejecutados cada año. Los dientes y las muelas arrancados a los cadáveres colgantes de los ahorcados eran utilizados para hacer “ungüentos milagros.”

 
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oeste8284

CABALLITO Y NADA MAS!!!!!
oeste8284
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#2
Ese gordo puto da un cagazo....te rre viola jajajajaj